martes, junio 11, 2019

Producción de soja orgánica no transgénica en América Latina: una opción real

Aunque todo el mundo mira hacia Europa, una estancia en Córdoba (Argentina) y una cooperativa en Canelones (Uruguay) tienen mucho más para enseñar...

Producción de soja orgánica no transgénica en América Latina: una opción real

La producción de soja ha representado un intenso ámbito de debate político y económico durante las últimas décadas. Y no puede ser de otro modo, porque la producción industrial de este alimento ha significado una enorme cantidad de problemas, muchos de los cuales  atentan contra la vida misma en el planeta. Sin embargo, repensar los mecanismos de producción, atendiendo cada elemento de la cadena y cambiar la senda, apostando al uso inteligente y respetuoso del medioambiente, es posible. La producción de soja orgánica no transgénica es una opción real. Y así lo evidencian dos casos particulares en América Latina, como el de la Estancia Las Dos Hermanas (Arias), en Argentina; y el de la Cooperativa Calsesur de Canelones, en Uruguay, como vamos a ver hoy.

 

La agricultura ecológica de Europa y el doble discurso de toda una vida

 

Como sucede prácticamente en cualquier relato oficial de la historia en Occidente, Europa se nos presenta como la gran civilización del futuro. Esa que —siempre un paso adelante— nos ponen enfrente como la representación del gran modelo a seguir: el de las políticas inteligentes, el progreso, las libertades y el respeto. Actualmente, tal es el caso de su modelo productivo de agricultura verde. ¿Pero qué tan benéfica es esta agricultura en realidad? ¿Qué tanto importa a Europa el cuidado del medioambiente realmente? A juzgar por lo que entiende la comunidad científica, poco y nada fuera de sus fronteras.

 

Más allá del discurso oficial, si se analizan los hechos con apenas un algo más de profundidad, se puede constatar que la tan elogiada agricultura ecológica europea es, en realidad, bastante más dañina para el planeta de lo que procura suponer. La preocupación de Europa por el bienestar y el futuro de la humanidad es para un fragmento de la humanidad en particular: justamente, la que se encuentra dentro de los límites de Europa.

 

Es que las severas medidas adoptadas en esta región, en teoría para frenar el cambio climático, reducir la contaminación, proteger la biodiversidad, regular el uso de productos químicos y cuidar la tierra durante las actividades de la industria agrícola adoptadas por las economías de Europa, provocan un daño aún mayor en los ecosistemas más comprometidos y también los más importantes del planeta: Latinoamérica, África y el sur de Asia.

 

 

La ciencia en defensa del medioambiente

 

Produccion-de-soja-organica-no-transgenica-en-America-Latina-una-opcion-real-5

 

Por eso, la comunidad científica acusa que las medidas parecen más bien ser una respuesta a los insistentes reclamos de grupos sociales que el intento de un verdadero desarrollo sustentable y realmente comprometido con el medioambiente. Tal es la moción que, meses atrás, llevó a un grupo de más de 600 integrantes de la comunidad científica a que firmaran una carta pidiendo a la Unión Europea que repiense sus tratados comerciales con el Mercosur y su actividad con América Latina.

 

En este sentido, desde la Universidad de Oxford, la Dra. Laura Kehoe (una de las promotoras de esta iniciativa) señaló en entrevista con la BBC:

 

«Europa intenta dar la impresión de que su agricultura es verde y sostenible, pero si tenemos en cuenta el conjunto del sistema, es decir, la cadena de producción, no es así (…) La gente olvida lo que no ve. Ahora mismo, Europa está importando gran cantidad de materias primas que están vinculadas con la deforestación (…)».

 

 

El gran problema de la producción de soja industrial

 

Producción de soja orgánica no transgénica en América Latina: una opción real

 

Un perfecto ejemplo de esta situación está en la producción de soja industrial. De acuerdo a la organización brasileña Imazon, la deforestación en la Amazonía aumentó un 54 % en enero de 2019 frente al mismo mes de 2018. Además, solo desde que gobierna Jair Bolsonaro, hubo un aumento de la deforestación de un 20 %. Y el actual presidente brasileño ya se ha expresado a favor de incrementar la actividad minera y agraria, señalando también que «el calentamiento global no es algo real».

 

En este sentido, la deforestación está estrechamente vinculada con la producción de industrial de soja. Y además de ir en detrimento de la vegetación y los ecosistemas de los países que la cultivan, incluye el uso de fertilizantes artificiales y agrotóxicos. Actualmente, la Unión Europea importa más de 14 millones de toneladas de granos de soja al año para sus animales y en solo 10 años, con sus medidas, las tierras agrícolas europeas dedicadas a productos orgánicos aumentó un 70 %. En contraposición, cinco países sudamericanos producen hoy el 50 % de toda la soja comercializada en el mundo. Estos son Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

 

En la carta referida, la Dra. Kehoe se refiere a esta situación señalando que «Europa ha hecho grandes avances, pero a menudo estos han sido a expensas de otros países y otros pueblos». Tiago Reis, otro de los científicos que participan de la misiva, señala:

 

«(…) las importaciones de alimento para el ganado en Europa están provocando también contaminación por agroquímicos en la región y están alimentando la especulación con las tierras, la violencia y la expulsión de comunidades indígenas. Europa es cómplice de la forma en la que se producen los productos que compra y de las violaciones que cometen los productores».

 

 

¿Pero qué se puede hacer en este escenario? El profesor Martin Wassen, de la Universidad de Utrecht, quien también firma el documento, apunta:

 

«La UE está ahora en el momento de exigir normas estrictas para la producción de estos productos agrícolas, es decir, producción sostenible, incluidas normas ambientales y de seguridad alimentaria, como el uso de pesticidas o de hormonas».

 

La compleja relación de Latinoamérica y la soja

 

La economía latinoamericana, en tanto, encuentra en la deforestación y la explotación de sus ecosistemas una herramienta para hacer frente a las diferentes crisis que, desde el colonialismo, le asedian. Y si bien no se las puede eximir así de responsabilidad, permite tener un mayor panorama en el entendimiento de esta problemática. América Latina encuentra en estos nocivos mecanismos de producción un respiro a siglos de sometimiento e intervencionismo disfrazado de nuevos nombres. Pero si no se toma consciencia, ese sometimiento no hará más que crecer, privando no solo al continente, sino al planeta, de las condiciones necesarias para la mismísima vida en sí.

 

En la historia contemporánea, los gobiernos neoliberales en latinoamérica han intensificado el cultivo indiscriminado e industrial por las transnacionales. Está el caso de Paraguay, por ejemplo, donde desde el gobierno se ha favorecido la siembra convirtiendo a la oleaginosa en uno de los principales productos de exportación. En Argentina, en tanto, si bien durante los gobiernos Kirchner se puso en práctica un impuesto a la producción de soja para financiar programas de interés social, la llegada de Mauricio Macri puso fin a la medida con el objeto de favorecer la importación y a las agroempresas.

 

Hoy, el cambio de paradigma y el replanteamiento de los modelos de producción es, empero, una urgente necesidad. ¿Podemos llegar a un modelo de producción de soja orgánica no transgénica? Por supuesto.

 

 

Producción de soja orgánica no transgénica en Argentina y Uruguay

 

 

Como decíamos, el panorama ofrece, asimismo, alentadoras alternativas. Dos perfectos ejemplos se dan en el Río de la Plata, más precisamente, en Córdoba, Argentina; y Canelones, Uruguay, donde la producción de soja orgánica no transgénica ya es una realidad. Actualmente, Argentina está segunda en el mundo en producción orgánica certificada y demanda de productos orgánicos y primera en términos de área de producción destinada a la agricultura orgánica, seguida por Uruguay.

 

En cuanto a los ejemplos mencionados, en el caso de Argentina está la Estancia Las Dos Hermanas, al sur de la provincia de Córdoba. Este ejemplo de producción se constituye en un campo de 4200 hectáreas donde viven y trabajan dieciocho familias de la cría de ganado y la siembra de cultivos, especialmente de soja.

 

Aquí, desde hace 35 años, producen sin agroquímicos y sus productos son 100 % orgánicos. En entrevista con el medio Puntual, el administrador general de la estancia, Marcelo Frías, se refirió también al valor agregado de este tipo de productos, que además de ser sustentable, saludable y respetuoso con el medioambiente, genera más puestos de trabajo y se vende a un mayor precio.

 

 

Al otro lado del Río de la Plata, el departamento de Canelones, pequeños productores están cultivando semillas de soja orgánica y no transgénica evitando también todo uso de químicos. Aptas para consumo humano, las semillas se reproducen en una cooperativa y los granos se procesas para transformarlos en tofu. Se trata de un proyecto que integra a la Cooperativa Agropecuaria Limitada de Semilleristas del Sur (CALSESUR), el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Comisión Fomento de Melgarejo y la Intendencia de Canelones.

En diálogo con el medio Hoy Canelones, Matías Carámbula, director de Desarrollo Rural, señaló sobre el proyecto:

 

«Se termina formando una cadena entre una cooperativa que produce las semillas, una Fomento que lleva adelante el cultivo de soja, una industria que garantiza la comercialización y el procesamiento de estas semillas y un soporte técnico de la Agencia y el INIA».

Esta empresa tiene el apoyo la Agencia de Desarrollo Rural de la Intendencia de Canelones, en el marco del eje estratégico Canelones de la Soberanía, siendo un brillante ejemplo, no exento de dificultades, que deja entrever lo difícil que es cambiar de senda hacia nuevos modelos de producción, aún así, más inteligentes, sostenibles y admirables.

 

Deja un comentario

16 + diecisiete =